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Portugal, de 1064 a 1383...

Portugal
Templo de Évora

Antes de la nación portuguesa

El país fue ocupado al principio por tribus relacionadas con los Fenicios, los Cartagineses y los Griegos. Los Romanos necesitan largas campañas para acabar con su resistencia. El oeste de la península es conquistado en el siglo II antes de Cristo. Augusto crea la provincia de Lusitania. Ésta es invadida en el siglo V por los Alanos y los Suevos, que finalmente dejan su lugar a los Visigodos. La dominación musulmana, que comienza en 711, se ve amenazada por las campañas de Alfonso III, rey de Asturias (866-910), que conquista la región de Oporto, y luego de Fernando I, rey de Castilla, que libera al país entre el Duero y el Mondego (1064).


La formación del reino portugués: la dinastía de Borgoña

Alfonso VI, rey de León, que hace campaña hasta el Tajo, da el condado de Portugal (región de Oporto) a Enrique de Borgoña, marido de su hija bastarda Teresa; este territorio se separa, pues, artificialmente, pero definitivamente, de Galicia, donde se habla el mismo dialecto, y del resto de la Península (1097); Enrique emancipa Portugal de Castilla, en el plano religioso, obteniendo el nombramiento de Braga como arzobispado (1104), pero no puede impedir que los musulmanes vuelvan a tomar Lisboa y Santarém. Después del periodo de revueltas que sigue a su muerte (1114), su hijo Alfonso Henriques (1128-1185) consagra la independencia de Portugal. Con el apoyo de la nobleza, rompe toda vínculo con Castilla; el prestigio que le da su victoria a los Moros en Ourique (1139) le conduce a tomar el título de rey, que Castilla reconocerá en 1143.

Portugal prosigue su expansión hacia el sur, en detrimento del Islam. Habiendo instalado la capital en Coimbra y con los Templarios y los Hospitalarios establecidos entre en Mondego y el Tajo, Alfonso I Henriques toma Santarém, Lisboa desde 1147, Sintra, y ocupa una parte del Alentejo. Sus sucesores prosiguen su cruzada conquistadora, apoyándose en las órdenes españolas de Santiago y de Calatrava, que se nacionalizan muy rápidamente, y que no dudan en dejar las cruzadas en Tierra Santa para vencer a los musulmanes del sur. De hecho, es a partir de la derrota almohade de Las Navas de Tolosa (1212), en la que participan las tropas portuguesas de Alfonso II (1211-1223), cuando la conquista se acelera. para finalizar en el Algarve (1249) bajo el reinado de Alfonso III (1248-1279). Las tierras conquistadas, donde los musulmanes y los judíos subsistirán hasta 1497, son aprovechadas muy pronto, no sólo por los colonos venidos del norte, que difunden el dialecto de Oporto, sino también por extranjeros, ya sean laicos o eclesiásticos, como los cistercienses de Alcobaça o los canónigos regulares de San Agustín. Venidos en gran número, sobre todo en tiempos de Sancho I (1185-1211), los inmigrantes, agrupados en centros independientes de los señores que ya existían, obtienen cartas de privilegios del soberano.

La terminación territorial de Portugal a mitad del siglo XIII coincide, en parte, con su terminación institucional; la monarquía, que es hereditaria desde el siglo XI, tiene todos los poderes; pero la práctica de la aclamación popular, que recuerda a los orígenes electivos de la realeza en tiempos de los Visigodos, desembocará en la constitución de las Cortes, de las cuales las de Coimbra son las primeras que se conocen, donde sólo están aún representados el clero y la nobleza (1211), pero que elaboran los primeros elementos de una legislación portuguesa. Hasta esta fecha, la autoridad real sólo encuentra algún límite en los privilegios de un clero muy rico y una nobleza que se ha arrogado el derecho de ejercer la justicia o de elevar los cánones a sus súbditos y que se introduce así en el marco de una feudalidad activa. Pero los progresos de la feudalidad y del clero preocupan a Alfonso II, que, ayudado por un canciller de su padre, Juliao, les pone el primer obstáculo haciéndoles verificar todos los títulos de propiedad (inquiriçoes) y prohibiendo al clero regular y secular, mediante la amortizaçao, adquirir bienes inmuebles. El conflicto continúa con Sancho II (1223-1248), que incluso es destituido por el Papa y reemplazado por su hermano menor Alfonso (1245), que, a cambio, debe prometer que respetará los derechos de la Iglesia (pacto de París, 1245). A pesar del apoyo de Castilla, Sancho, parapetado en el norte del país, debe refugiarse finalmente en Toledo (1248). Alfonso III fue entonces reconocido como rey de Portugal; una vez vencedor, se niega a aplicar los términos del acuerdo de París y, no contento con restringir los derechos del clero, admite por primera vez en las Cortes de Leiria (1254) a los representantes de las ciudades, apoyándose así en la burguesía para anular los progresos realizados por la feudalidad a principios del siglo XIII. Permite a esta nueva clase social introducirse en la "curia real", y las funciones de ésta empiezan a especializarse y sus miembros más instruidos, los legistas, ayudan al soberano a redactar y hacer aplicar las ordenaçoes dirigidas contra los privilegiados. Bajo el reinado de Dionisio (1279-1325), que funda en 1290 la universidad de Lisboa (transferida a Coimbra en 1308, fue traspasada de nuevo a Lisboa de 1338 a 1354 y de 1377 a 1537) y hace del dialecto de Oporto la lengua nacional, esta política de refuerzo de la autoridad real se persigue con el apoyo de la burguesía urbana, que se beneficia, en contrapartida, de las actividades económicas. Desde el siglo XII, la práctica de la pesca había desarrollado la vida marítima; muy pronto, los mercaderes portugueses frecuentan Brujas y Londres, donde venden el pescado, la sal, el vino, el aceite, los cueros y el grano de escarlata de su país.

Los sucesores de Dionisio, Alfonso IV (1325-1537) y Pedro I (1357-1367), continúan su obra y orientan al país hacia la expansión en ultramar. Pero Portugal, cuya población ha disminuido a la mitad por la epidemia de la peste negra de 1348, sufre en el siglo XIV una grave crisis económica. Para paliar esta crisis, Fernando I (1367-1383) anima a los armadores nacionales, que tienen una fuerte competencia de los extranjeros, y crea una especie de compañía aseguradora; además, obliga a los propietarios a cultivar sus tierras bajo pena de expropiación en favor de la monarquía (1375). Pero estos esfuerzos resultan insuficientes y la política aventurera del soberano en Castilla no hace más que agravar aún más la situación.

Hermes Trismegisto

¿El tesoro de los Templarios en Tomar?

Esta figuración que adorna una de las claves de bóveda de una sala del concento de Cristo, que forma parte del castillo de Tomar, es interpretada por M. Guinguand (El oro de los templarios: Gisors o Tomar), como la representación de Hermes Trismegisto, considerado como el fundador de la alquimia; podría dar cuenta del hecho de que este "arte" era practicado en el convento - y también daría testimonio de la presencia de un huevo alquímico que aún se puede observar al oeste del castillo. Recordemos que en la Edad Media y en el Renacimiento, la alquimia constituía una auténtica filosofía de la materia, cuyos adeptos buscaban penetrar los misterios de la naturaleza; el aspecto misterioso que se le atribuye generalmente debido a la codificación del lenguaje utilizado, aunque reservado sólo a los iniciados.

Esta efigie de tres caras está situada en la proximidad del refectorio del convento de Cristo, bien escondida (y en la actualidad escondida a los visitantes), pero situada de tal manera que si se retirara, no sólo se vendría abajo el techo, sino todo el piso de arriba. Nos encontramos exactamente la misma cabeza esculpida en la parte inferior de uno de los pilares de la catedral de Sées, en Francia. Según M. Guinguand, estas dos esculturas indican el emplazamiento del mismo tesoro (el de los Templarios), pero en dos épocas diferentes.

Según él, los preciados bienes de la Orden del Temple estaban reunidos y protegidos en Sées, en un punto altamente secreto al que el pozo que se encuentra en el interior de la catedral no es extraño. Cuando Felipe el Hermoso decide detener a los Templarios, en 1307, Jacques de Molay, entonces Gran Maestre de la Orden del Temple, confía a uno de sus caballeros la misión de salvar este tesoro. Es entonces transportado hacia el norte de Francia, donde le espera una partida de la flota templaria, venida de La Rochelle. El precioso cargamento toma la dirección de Portugal y desembarca en Serra d'El Reis, cerca de Obidos, donde el transporte hasta Tomar ya no supone problema alguno.

Recientemente, expertos internacionales han querido saber lo que existía bajo el subsuelo de Tomar. Aunque se sabe que existen entradas, pero selladas, y que en otros lugares, los Templarios han construido hasta treinta metros bajo tierra. Los expertos habían llamado al Instituto de Geofísica, y gracias a los medios de la geoelectricidad y del georradar, deberían ser capaces de detectar cavidades subterráneas hasta 40 metros de profundidad, sin abrir nada, ni tocar nada, ni romper nada. Pero el Ministerio de Cultura de Portugal les ha prohibido efectuar estas prospecciones.

De hecho aún pululan leyendas: ¿habrá un tesoro escondido bajo el castillo de Tomar, o incluso en quinto evangelio, escrito por el propio Jesucristo?...


 

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