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Portugal, de 1557 a 1910...

Portugal
Templo de Évora

Los cartógrafos portugueses

La cartografía náutica portuguesa del siglo XVI fue muy apreciada no sólo por los nuevos elementos relacionados con la navegación astronómica (elementos que fueron introducidos por los Portugueses en las cartas hidrográficas de tipo portulan) sino también por el dominio geográfico extraordinariamente amplio que representaban. Entendemos que fue así ya que los Portugueses, pioneros de los descubrimientos geográficos desde el siglo XV, eran los  únicos, a principios del siglo XVI, que navegaban tanto por el Océano Índico, como por América y China, Brasil, Japón, como en África e Indonesia, o sea, por todos los mares del mundo.


Portugal y la explotación de Brasil

Los reyes de Portugal, siempre alarmados por la expansión castellana, habían preparado con matrimonios la fusión de las dos dinastías para su provecho. Pero fue la dinastía de Aviz la primera en extinguirse: el rey Sebastián (1557-1578), obsesionado por una visión anacrónica de cruzada, desaparece, derrotado por los Marroquíes en Alcazarquivir (1578). El último representante de la familia, su sucesor, Enrique el Cardenal, muere en enero de 1580. A pesar de las pretensiones de don Antonio, prior de Crato, Portugal es tomado(1589) por la armada de Felipe II, rey de España, hijo y nieto de princesas portuguesas, que es proclamado rey en Santarém; el prior de Crato, vencido en Alcántara por el duque de alba, consigue mantenerse en las Azores hasta 1583. De hecho, sólo se trata de una unión personal de dos coronas, y Felipe II promete respetar las libertades de los portugueses. Pero el pueblo del pequeño reino no pierde su ánimo; la unión ibérica le permite infiltrarse en las colonias españolas y explotarlas en su propio beneficio. Son las circunstancias las que son menos favorables: la renovación de Persia bajo el reinado de Abbas I el Grande, la constitución del Imperio mongol en la India, el triunfo del shogunato en el Japón, no permiten ya a los Portugueses hablar de éstos como dueños y señores. Al prohibir Felipe II el mercado de especias de Lisboa a los holandeses en revuelta y a los ingleses hostiles, los marinos del norte intentan por su parte el viaje a Extremo Oriente y se instalan al lado de los Portugueses, cuyo monopolio arruinan, aunque no su comercio. Poco a poco, los soberanos asiáticos, los ingleses y sobre todo los holandeses recortan la larga línea de las compañías portuguesas.

Cuando los holandeses se instalan en Brasil (a partir de 1624), en las compañías de trata africana (Sao Tomé, Sao Paulo de Luanda) [1641], los portugueses hacen a la monarquía española responsable de su fracaso. Aprovechándose de la revuelta de Cataluña y del apoyo indirecto de Richelieu, se sublevan el 1 de diciembre de 1640, masacrando a algunos miembros del gobierno, como Vasconcelos, y proclamando rey al duque de Braganza, bajo el nombre de Juan IV (1640-1656). Consiguen expulsar a los holandeses de los puestos africanos (1643, 1648), y luego de Brasil (1654), que se ha levantado a favor de la corte de Lisboa, pero deben resignarse al hundimiento de sus posiciones en Asia (Imperio colonial portugués). Después de una larga y costosa guerra, y a pesar del apoyo de una importante porción de la nobleza portuguesa, España debe reconocer la independencia de Potrugal mediante la cesión de Ceuta (tratado de Lisboa, ratificado en 1668) Es entonces cuando desaparece el bilingüismo castellano-portugués; la literatura y luego la "filosofía" francesas hacen sentir su influencia. Después de una temible crisis monárquica (relegación a las Azores, en 1667, de Alfonso VI [1656-1683]; regencia [1667-1683]; luego reinado [1683-1706] de Pedro II) y una tentativa de colbertismo, Portugal une su destino económico al de Inglaterra: el tratado de Lord Methuen (1703) reserva el mercado inglés a los vinos de Madeira y Oporto; a cambio, Gran Bretaña venderá libremente su trigo y su lana en Portugal, dedicado a partir de ahora al monocultivo de la vid, y participará en el comercio de Brasil. Después de abandonar sus puestos en las India, en África oriental, Zanzíbar, Mombasa (1698), las islas en África occidental (Annobon, Fernando Poo, 1778), de abandonar definitivamente Marruecos (Mazagán, 1769), de renunciar a regenerar la economía nacional, la monarquía se vuelca en la explotación de su colonia americana, que se extiende hacia el oeste, a expensas de los territorios atribuidos a España por el tratado de Tordesillas. El oro, descubierto en Minas Gerais (más de 1.000 toneladas, al parecer) en 1696, los diamantes (Diamantina fue fundada hacia 1725) superan en importancia al azúcar, el tabaco y el cacao, cuyo monopolio portugués ha desaparecido con el desarrollo de las Antillas, pero que necesitan siempre grandes cantidades de esclavos africanos. Brasil permite también el fructífero comercio intérlope con las colonias españolas, y es comprensible el encarnizamiento de Portugal por conservar la posición de Sacramento en el Río de la Plata; este fuerte de perdió finalmente en 1778.

José (1750-1777), hijo de Juan V (1707-1750), confía el gobierno a Carvalho e Melo, que será nombrado Marqués de Pombal en 1770. Es, con un régimen policial muy duro, un intento de despotismo ilustrado. Pombal disminuye la influencia de la Iglesia sobre Portugal, actúa con rigor contra los grandes, contra los jesuitas, que son expulsados (1759), contra las órdenes monásticas, que son purgadas. El oro de Brasil, que permitió la reconstrucción de Lisboa después del seísmo de 1755, subvenciona a las compañías privilegiadas encargadas del tráfico entre la metrópoli y Brasil, a la compañía vinícola del Alto Duero, a las industrias textiles, etc.; pero Pombal no consigue devolver a Portugal su independencia económica. María I (1777-1816), hija y heredera de José, destituye al ministro desde su llegada al trono y cambia totalmente de política; en 1792, la reina, afectada de demencia, deja el poder a su hijo, el futuro Juan VI.

Portugal, que participó en la guerra contra la Francia revolucionaria al lado de España, es atacado por ésta, que ha cambiado de bando ("guerra de las naranjas", 1801), y pierde definitivamente Olivenza. Al rechazar romper con Inglaterra y aplicar el bloqueo, Portugal es invadido una primera vez por las tropas de Junot en 1807; la familia real, renunciando a toda resistencia, se embarca hacia Brasil. Siguiendo el ejemplo español, los Portugueses se rebelan contra el ocupador francés en mayo-junio de 1808. Wellesley, desembarcado en Portugal, hace capitular a Junot en Sintra (30 de agosto de 1808). Después de los fracasos de las ofensivas de Soult (1809) y de Masséna (1810-1811), Portugal se deshace de los franceses.

El declive portugués

Juan VI (1816-1826), que prefiere quedarse en Brasil, donde ha creado un reino, deja el gobierno de Portugal a la regencia y al general Beresford, jefe de la armada. Igual que en España, un levantamiento militar en Oporto derriba el régimen absolutista (agosto de 1820). Las Cortes, reunidas en enero de 1821, suprimen la Inquisición y piden el retorno del rey. Juan VI, de vuelta en Lisboa, acepta la Constitución liberal votada por las Cortes (1822). Aprovechando la actitud torpe de las Cortes, Pedro, hijo de Juan VI, se proclama emperador de Brasil (1822), cuya independencia es reconocida por Portugal en 1825. Miguel, hijo menor de Juan VI, intenta restaurar en absolutismo, pero, vencido, debe exiliarse en Francia. A la muerte del soberano, Pedro I de Brasil (Pedro IV de Portugal) nombra reina a su hija, María II, de siete años, y la promete a su tío Miguel; más tarde, por la Carta de 1826, acuerda un régimen bicameral en Portugal. La joven reina, puesta bajo la protección de Canning, es, en 1828, suplantada por Miguel, que se proclama rey y practica un absolutismo feroz; pero la revolución de 1830 le aparta de los protectores influyentes. Pedro I abandona Brasil (1831) llega a las Azores, que se han sublevado contra Miguel y luego desembarca en Oporto (1832). De vuelta a Lisboa (1833), obtiene de la Cuádruple Alianza la expulsión de Miguel, que capitula en Évora Monte (1834). Restaurada la Carta de 1826, abolidas las órdenes religiosas, la vida política se organiza con la rivalidad de dos facciones: los cartistas, moderados, y los septembristas, liberales, que quieren la Constitución de 1822. Durante unos quince años, el país vive un periodo de luchas civiles En 1852, el Acta adicional acuerda un sufragio directo que reposa sobre un censo muy bajo, que hace electores al 25% de los Portugueses, mientras que hay un 80% de analfabetos. El régimen parlamentario es una fachada: las elecciones son preparadas por el gobierno, que se apoya en la Corona y debe satisfacer a las clases dirigentes. La mala gestión de las finanzas públicas ralentiza el progreso económico. Bajo los reinados de Pedro V (1853-1861) y Luis (1861-1889), se realizan algunas reformas: salida a la venta de los bienes del clero, abolición de la esclavitud en las colonias, publicación del Código civil (1867). Oficiales destacables, como Serpa Pinto, exploran las regiones entre Angola y Mozambique a partir de 1877. Pero Portugal se opone a las empresas de Leopodo II en el Congo, y el congreso de Berlín (1885) no le atribuye más que dos aldeas en la orilla derecha. Más tarde son las maquinaciones de Cecil Rhodes, que quiere realizar una banda continua de territorios británicos desde el Cabo hasta el Cairo, y, ante un ultimátum inglés con motivo de una revuelta en Nyassa (1890), Portugal debe renunciar a unir sus dos grandes colonias africanas (1891). Bajo el reinado de Carlos I (1889-1908), la monarquía se hace verdaderamente impopular por su despilfarro, lo que aumenta las dificultades presupuestarias y facilita la propaganda republicana. El rey, que ha dejado que Joao Franco instaure una dictadura (1907-1908), es asesinado en plena calle, y también su hijo mayor. Su segundo hijo, Manuel II (1908-1910), renuncia al régimen autoritario y es derrocado por un golpe militar. La república se proclama el 5 de octubre de 1910.

Las tribulaciones del calendario portugués

En 1139, Portugal utiliza la era de España como división del tiempo. La era de España (o era de los españoles) empieza 38 años antes que la era cristiana; el año 1 de la era cristiana coincide, pues, con el 39 de la era de España.

Se trata de una era cronológica y provincial del mundo romano, que tiene como punto de partida la fecha de la reducción de la península ibérica a provincia romana por Augusto. Fue muy usada en la historia de España, en la parte meridional de las Galias y en gran parte de África.

Frontón del castillo de AlmourolLas inscripciones, situadas en el frontón de los castillos templarios de Portugal, indican fechas de la era de España. Hay, pues, que restas 38 años para obtener la correspondencia con la era cristiana (en vigor hoy en día).

El 22 de agosto de 1422, el rey Joao I abolió su uso en Portugal, adoptando entonces el tiempo de la era cristiana, común a todos los países del mundo cristiano.

En 1582, Portugal adopta inmediatamente y definitivamente el calendario gregoriano, instaurado por el papa Gregorio XIII para corregir el calendario juliano: los portugueses pasan entonces del jueves 4 de octubre de 1582 al viernes 15 de octubre de 1582.


 

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